Análisis técnico sobre el desempeño de Pemex: Caída de reservas, pérdidas en refinación y la urgencia de una estrategia de transición energética ante 2030.
El desempeño operativo de Pemex muestra señales críticas de agotamiento en sus activos principales, con reservas probadas de aceite que actualmente alcanzan para menos de diez años y reservas de gas para menos de nueve años al ritmo de explotación vigente. Durante el último año, la producción de crudo registró una caída adicional de 120 mil barriles diarios (MBD), a pesar de que la producción de condensados se ha mantenido relativamente estable. Esta tendencia se ve agravada por una declinación en la producción de gas natural asociado libre de nitrógeno, lo que compromete la oferta interna de hidrocarburos.
En el ámbito de la transformación industrial, el Sistema Nacional de Refinación (SNR) logró procesar un millón de barriles diarios en 2025, pero este hito operativo resultó en pérdidas económicas superiores a los 40 dólares por barril de crudo procesado, una cifra drásticamente mayor a los 8 dólares de pérdida promedio registrados en administraciones previas. Aunque los rendimientos de destilados como gasolina, turbosina y diésel han mejorado ligeramente hasta un 61.8%, el desempeño sigue siendo inferior al promedio del periodo 2007-2012. Refinerías como Salamanca, Madero y Salina Cruz presentan los peores desempeños, mientras que la nueva refinería de Dos Bocas aún se encuentra lejos de alcanzar sus niveles de diseño.
Un desafío estructural de seguridad nacional es la creciente dependencia del gas natural importado de los Estados Unidos, del cual provienen más del 90% del gas seco utilizado por la CFE y la industria nacional. México se mantiene como uno de los países que más gas natural quema a la atmósfera; actualmente, el 42% del gas disponible se destina al autoconsumo o se envía a quemadores de campo. Esta ineficiencia operativa, sumada al alto contenido de nitrógeno en los yacimientos, obliga a la reinyección o quema de recursos valiosos, incrementando la huella de carbono de la empresa.
Finalmente, la viabilidad de Pemex ante la transición energética exige una inyección de capital urgente orientada a modernizar instalaciones industriales y frenar las emisiones contaminantes, particularmente de dióxido de azufre (SOx). Se requiere el diseño de una estrategia consensuada de corto, mediano y largo plazo que permita a la estatal adaptarse a las restricciones financieras del Gobierno Federal, el cual enfrentará mayores limitaciones presupuestales en los próximos años. Para tener éxito, es imperativo desarrollar nuevas formas de colaboración con el sector privado bajo esquemas de inversión que garanticen seguridad jurídica y recuperación razonable de capital.







